Explorando la socialización en la primera infancia
Judith Flores
Bet Hayladim
La socialización en la educación es como el ingrediente secreto que moldea a los individuos, infundiendo valores, normas, creencias y habilidades esenciales para que se integren en la sociedad. En este escenario, la educación juega un papel estelar, siendo una de las instituciones clave que facilita este proceso. Desde muy temprano, hablemos de los 3 a los 5 años, los niños han sido lanzados a un mundo educativo donde interactúan con otros niños y adultos que actúan como guías y referentes de autoridad. Esta interacción no solo les enseña conocimientos académicos, sino también las reglas del juego social, el valor de la diversidad y las habilidades para comunicarse.
Sin embargo, en esta etapa, a menudo se espera que los niños se conviertan en expertos en socialización, y aquí es donde detecto cierta confusión. ¿No es en esta fase donde el niño experimenta el mundo de forma individual para lograr ser y después pertenecer a su mundo social ? Parece que tratamos de evitarlo como si fuera algo devastador, que nuestros hijos y alumnos experimenten el mundo en ocasiones de manera aislada o que repitan los errores de nuestra infancia, sin recordar lo mucho que aprendimos de esas experiencias. “El niño es el constructor del hombre y no existe ningún hombre que no se haya formado a partir del niño que fue una vez .” (Montessori M. , s.f.)
Sí, es cierto que podríamos haber manejado las cosas de manera más eficaz, pero sobreproteger y forzar la socialización en esta etapa en muchas ocasiones lleva a los niños a sentirse presionados, obstaculizando su proceso natural de autoconstrucción, tal como defendía María Montessori.
Las habilidades sociales son como un boleto de oro para la vida adulta, ya que gran parte de lo que hacemos implica colaborar y empatizar con otros. Como docentes, nos hacemos la pregunta a diario: ¿Tenemos lo necesario en nuestra caja de herramientas para guiar a estos pequeños de apenas 3, 4 o 5 años, que carecen de habilidades sociales debido a la falta de modelos adultos que les transmitan los valores que enriquecen su entorno social? ¿Poseemos las habilidades que deseamos que adquieran nuestros alumnos y nuestros hijos?
En este punto, nosotros, los adultos, asumimos una gran responsabilidad al mostrarles cómo relacionarse, para que nuestro ejemplo allane el camino en la comprensión de estos pequeños que están en pleno crecimiento. ¿Es fácil? ¡Claro que no! Sin embargo, si somos conscientes de la importancia de abordarlo con responsabilidad, obtendremos el mejor resultado en la construcción de una sociedad más armoniosa.
“Si la ayuda y la salvación han de llegar solo puede ser a través de los niños. Porque los niños son los creadores de la humanidad.” (Montessori M. , s.f.)