Luchando por mis ideales

¿Estarías dispuesto a sacrificarte por tus ideales?

La historia en retrospectiva parece muy lógica y evidente. Apunta a que los vencedores tenían razón en salir a luchar, ya que triunfaron y lograron cristalizar sus aspiraciones. Sin embargo, la historia no debe de ser observada conociendo el desenlace, pues así perdemos lecciones que nos inspiran y nos permiten entender de mejor forma al ser humano.

Uno de estos ejemplos es la historia de Janucá. Desde que somos niños nos la cuentan partiendo de la victoria de los Macabim, y los milagros que les realizó Dios. Desde este punto, nos queda claro la razón de su lucha y por qué arriesgaron sus vidas. ¿Quién puede dudar de pelear por algo cuando cuenta con la ayuda Divina y siente que va a ganar?

Sin embargo, esto difícilmente es cierto, no corresponde a la realidad histórica. Cuando los Macabim se enfrentaron a uno de los imperios más poderosos de su tiempo, no sabían que iban a triunfar; la posibilidad de ser derrotados era mucho mayor que la de la victoria. En realidad, esta guerra era casi una batalla perdida, era estar dispuestos a perder la vida.

Si lo anterior es cierto, si es verdad que estaban en una misión que parecía suicida, la pregunta obligada es: ¿qué llevó a los Macabim a participar en una guerra en la que podían morir?, ¿por qué se arriesgaron a dejar a sus hijos huérfanos, si no tenían probabilidad de triunfo?

En mi opinión, la respuesta a las preguntas anteriores radica en que ellos no concebían una vida en la que los valores judíos no existieran, no querían vivir en un mundo en que no existieran el bien y el mal absolutos (este tema lo explicamos en el blog de la semana anterior). Al decidir que no estaban dispuestos a que sus hijos crecieran en un mundo sin judaísmo, la respuesta ante este dilema era clara: prefiero morir defendiendo lo que creo, que sobrevivir sin pelear. 

El judaísmo era para los Macabim su razón de ser, y un elemento esencial en la construcción de un mundo mejor, por eso lucharon por él. Cuando pienso en esto y trato de pensar en un punto de comparación entre lo que experimentaron los Macabim y mi vida, me surgen dos preguntas: ¿Cuáles son los valores o ideales por los que estoy dispuesto a sacrificar mi vida? y ¿valoro al judaísmo y lo que representa, hasta tal punto que estoy dispuesto a renunciar a ciertas cosas y a luchar para que su luz siga iluminando?

Quisiera concentrarme en la primera pregunta, ya que sin esta, la segunda en realidad no tiene sentido. Si no identifico dentro de mí la fuerza que implica sacrificarse por los ideales, difícilmente puedo renunciar a algo por el judaísmo. Para poder dejar de lado lo que quiero y luchar por lo que me importa, primero tendría que identificar mis ideales, qué cuestiones en mi vida considero suficientemente importantes y meditar sobre ellas. Estos valores nos inspiran y generan un sentimiento de trascendencia; nos ayudan a darnos cuenta que hay cosas más grandes que uno mismo, cosas por las cuales vale la pena luchar.

Al mirar las velas de Janucá, preguntémonos si recibimos de los Macabim la capacidad de identificar nuestros ideales y luchar por ellos, si al vernos en el espejo vemos a los descendientes de estos héroes legendarios que permitieron que el judaísmo siguiera vivo hasta hoy en día. 

Esta noche de Janucá, observemos las llamas. Que ellas nos inspiren a encontrar respuestas en nuestro corazón, de manera que nos convirtamos en herederos auténticos del espíritu de los Macabim.

Por: Rab. Isaac Sitt/ Director de Estudios Judaicos Colegio Hebreo Maguen David
Referencia: Collected Writings Vol. II Kislev I

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