Purim: La verdadera alegría
Avrohom Zev Miller
Yeshivat Emuná
Claro que todas las fiestas judías son alegres, pero la fiesta que la gente más asocia con la alegría es Purim. A veces me da tristeza en Purim, cuando veo que, para muchas personas, estar alegre significa echar relajo y romper límites, pensando de manera totalmente egoísta. No considero necesario describir los efectos negativos de dicha actitud y comportamiento, pero sí quiero protestar ante esta tergiversación de Purim y de la alegría en general.
El gran sabio de Torá, Maimónides (1138-1204), nos ilumina acerca de este concepto tan fundamental.
Hablando acerca de la alegría de las fiestas de la Torá, él escribe (traducción libre): “Cuando uno come, bebe y se alegra en la fiesta, no debe dejarse jalar por el vino, la risa y la frivolidad, diciendo que cuanto más es más mitzvá, porque la borrachera, la risa excesiva y la frivolidad no son alegría sino jolgorio y tontería lo que no es la mitzvá…”
¿Qué sí se hace en estas fiestas? Él nos explica: “… alegrarse él, sus hijos y su familia, cada uno con lo apropiado– a los pequeños hay que darles granos tostados, nueces y antojitos, para las mujeres hay que comprar ropa y joyería bonita según sus recursos económicos y los hombres comer carne y beber vino…”
Suena muy fácil. ¿Qué puede ser mejor que cumplir una mitzvá por medio de pasarla bien? Pero, hay una cláusula más. “Cuando uno come y bebe, tiene que compartir con los conversos, los huérfanos y las viudas, junto con los demás pobres miserables. Aquel que cierra las puertas de su patio y come y bebe – él, su esposa y sus hijos, y no da a comer y beber a los pobres y a las personas amargadas, esa no es la alegría de la mitzvá sino la alegría de su panza… este tipo de alegría es una vergüenza para ellos.”
Con estas palabras, Maimónides nos cambia completamente el concepto de la mitzvá de simjá – de alegría. No es una actividad egoísta, al contrario, es una actividad muy noble.
Hablando acerca de las mitzvot de Purim, Maimónides presenta un dilema. En Purim, hay cuatro mitzvot obligatorias: 1) Leer (o escuchar) la Meguilá dos veces, una vez en la noche y una vez en el día. 2) Mishloaj manot (mandar dos porciones de comida a otra persona). 3) Dar dos donativos a dos pobres (un donativo a cada uno). 4) Comer una comida festiva. Escuchar la Meguilá es gratis, pero las otras tres mitzvot cuestan dinero. Si alguien tiene recursos limitados, ¿en cuál de estas mitzvot debe gastar más dinero?
Yo pienso que hay que dedicar más dinero para los donativos a los pobres, porque ellos realmente lo necesitan, mientras pocas personas necesitan el Mishloaj manot y hay de por sí una tendencia a comer en exceso en la comida festiva.
Maimónides llega a la misma conclusión, pero por un motivo totalmente distinto: “Es mejor aumentar los donativos a los pobres que aumentar su comida o mandar porciones a sus amigos porque no existe una alegría más grande y gloriosa que alegrar al corazón de los pobres, huérfanos, viudas y conversos, porque quien alegra al corazón de estos miserables se parece a la presencia divina.”
Hay que dar más a los pobres – ¡no por la necesidad que ellos tienen, sino por nuestra necesidad, porque el tema central de Purim es la alegría y alegrar a ellos es nuestra alegría!
A pesar de la apariencia superficial, lejos de ser un día de relajo, de autocomplacencia y de excesos, Purim es un día sumamente espiritual, de ser más parecido a la presencia divina.
Lo anterior explica uno de los motivos por lo que muchos Ashkenazim comen kreplaj en Purim. La carne oculta por la masa simboliza la espiritualidad del día disfrazada por el aspecto físico.
¡A freilije Purim! ¡Purim Sameaj!