Un ángel en mi vida

Por Abigail Dabah Elabos,
Estudiante del Colegio Or Hajayim
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Mi nombre es Abigail Dabah Elabos, estudio en el Colegio Or Hajayim, desde que entré a primaria estoy aquí, desde muy chiquita siempre supe que me gustaba ayudar al otro sin recibir nada a cambio, siempre fui una niña muy sociable, pero también siempre me gustó ayudar al otro y poder escucharlo.

Así fue que decidí estudiar Psicología y especializarme en educación especial.

Me gustaría contarles con más detalle cómo me di cuenta de lo que quería para mi vida, en 4º de primaria ingresó Judith al colegio, una niña que tenía una discapacidad. Cuando ella entró, poco a poco, sin darme cuenta, nos habíamos convertido en amigas, esas amigas que con solo verse se entienden. Mi relación inició y creció en el rezo, llegábamos temprano a la escuela y rezábamos juntas, ese rezo a mí me llenaba el alma, me daba mucha paz. El solo orar y agradecerle a Dios, era todo lo que quería en el día. Después empezamos a sentarnos juntas en los recreos, había días que compartíamos y podíamos no hablar, pero el solo hecho de tenernos la una a la otra nos hacía muy felices a las dos y juntas estuvimos por varios años.

Tuve la suerte de poder conocer a un ángel, y digo tuve la suerte porque gracias a Judith hoy soy quien soy, y todo se lo debo a ella.

Mi objetivo siempre fue ayudarla en todo lo que estaba en mis manos, como el que se sintiera incluida en cualquier lugar donde estuviéramos. Pasaron los años y empezamos a crecer y a ver la una por la otra, siempre en todo lugar y en todo momento. Sabíamos que nos teníamos para apoyarnos, yo a mi manera y ella a la suya, de forma incondicional.

Éramos compañeras de salón, amigas y hermanas. Esas hermanas que son de corazón, que están en las buenas y en las malas, amigas que habían hecho un cambio juntas. Ahí me di cuenta de que apoyarla era lo que me hacía más feliz, que las cosas materiales no me satisfacían como me podía llenar escuchar un “hola, Abi” cada mañana. 

Ella para mí es muchas cosas, tanto mi amiga como mi hermana, y sobre todo mi compañera de vida, de esas compañeras que vienen a hacerte mejor. También era mi reto día con día, me doy cuenta de que es un ángel. Ella sin duda vino a cambiar vidas y una de las que cambió fue la mía.

Así entendí que quería ayudar a todos los niños que tienen una discapacidad, demostrarles que pueden crecer a su manera y que nadie ni nada debe ponerles barreras por el simple hecho de no ser iguales al resto.

Cuando termine mi carrera, mi sueño es crear una fundación para que todos los niños con discapacidad puedan lograr sus sueños, y a su manera, los alcancen, porque es posible.

Dios quiera que lo logre.

“El universo no te envía personas a tu vida para que las corrijas sino para aprender y crecer a través de lo que ellas muestran.”

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