Educar para servir
Por Marcela Arana,
Directora de Middle School del Colegio Atid.
Son muchas las exigencias acerca de los componentes que deben ser incluidos en los programas educativos. Nos preocupamos sobre los saberes, el uso de las tecnologías, el impulso de creatividad, la activación física y el desarrollo socioemocional.
Se busca brindar experiencias de aprendizaje holístico que permitan que los niños y jóvenes participen en proyectos y acciones que les permitan hacer, pensar y sentir con un propósito.
En este sentido, el Bachillerato Internacional incluye en todos sus programas como componente clave el servicio, con la finalidad de brindar a los niños y jóvenes diversas oportunidades para realizar acciones comunitarias que logran que los estudiantes piensen, hagan y sientan en favor de los demás.
Se busca desarrollar la solidaridad y la empatía, y asumir la responsabilidad que tenemos como seres humanos para construir un mundo mejor.
A través de estos programas maestros y alumnos trabajan juntos, con base en sus intereses e ideales, desarrollando la conciencia social y comunitaria, favoreciendo la educación holística.
Es claro cómo en los proyectos de acción comunitaria se incluyen los diversos componentes ya que los estudiantes, de acuerdo con su etapa de desarrollo, relacionan sus saberes con las necesidades de una comunidad específica, estableciendo conexiones entre lo teórico y su aplicación práctica.
Los programas de acción y servicio surgen del interés de los alumnos quienes reflexionan sobre diversas problemáticas en sus contextos locales o globales; una vez que ubican una situación en la que pueden incidir trabajan juntos para buscar soluciones y ponen en marcha todos sus recursos a favor de una propuesta de acción colaborativa y creativa.
La convivencia que surge entre los estudiantes favorece que antepongan a sus intereses personales el interés comunitario. El diálogo, la escucha activa y la responsabilidad compartida se establecen como formas de trabajo logrando que los estudiantes desarrollen habilidades sociales en un espacio en el que reconocen sus propios talentos y las habilidades de los demás.
La interacción de los niños y jóvenes con personas que viven realidades y contextos completamente distintos a los suyos les permite reflexionar y muchas veces realizar pequeños cambios en sus comportamientos y estilos de vida.
El trabajo comunitario también tiene un impacto directo en el desarrollo emocional y la construcción de la autoestima de los jóvenes ya que les permite descubrir sus fortalezas lo que es fundamental en esta etapa emergente del yo. Brindar espacios para que los estudiantes experimenten lo que son capaces de hacer y lograr favorece la formación del auto concepto y la autoimagen.
Por otro lado, participar en estas actividades requiere la autogestión de tiempos, espacios y recursos por lo que los estudiantes se vuelven cada vez más eficientes.
Estas oportunidades de acción también son valiosas para el descubrimiento vocacional ya que los jóvenes tienen oportunidad de interactuar con situaciones reales que les permiten probar y enfocar sus intereses explorando distintos ámbitos. Las acciones de servicio les permiten experimentar la satisfacción que produce el trabajo más allá de la remuneración económica.
En conclusión, incluir experiencias de servicio en los programas educativos genera un mayor sentido de comunidad y pertenencia, favorece el desarrollo de habilidades y competencias para la vida. Los estudiantes que se involucran en diferentes experiencias de servicio conectan lo que ocurre en sus aulas con lo que ocurre en la comunidad, son más sensibles y empáticos y mayormente conscientes sobre el uso racional de los recursos, son estudiantes activos y proactivos a favor de los demás, son capaces de trabajar con otros respetando sus ideas y las de otros, son autónomos y más responsables.