La dimensión didáctica del error

Por Kelly Shukrun,
Directora Adjunta de Torá y Educación Judía en el Colegio Atid.

El tratamiento que tradicionalmente se le ha dado al error en los ambientes escolares ha sido de rechazo; así lo manifiestan diversos investigadores del área de la psicopedagogía.  El maestro tradicional penaliza el error y sólo trata de imponer la respuesta “acertada” para sentir que, de ese modo, garantiza el aprendizaje. Esto se debe a una falta de valoración de los procesos y una sobre valoración de los resultados. Si bien el resultado es importante, el proceso no lo es menos.

De la sabiduría judía podemos fijarnos en un principio que marca la posibilidad de comprender el error desde otra perspectiva. Escribió el Rey Salomón en Mishlé 24:16 “Sheva peamim ipol tzadik vakam…”, siete veces cae el justo y se levanta. Podríamos pensar que se le está deseando al justo que tropiece una y otra vez, sin embargo, el mensaje explicado por nuestros sabios, es que para construirse como una persona digna de llamarse “justo” o “íntegro”, es necesario tanto el error como el aprendizaje que se logra a través del mismo.

Tomando esto como punto de partida, la pregunta que salta de inmediato es: ¿Cuál es el tratamiento correcto que debemos darle al error para potenciar el aprendizaje?

Lo primero, y en eso vamos a coincidir todos, es recordar que el centro del proceso educativo es el alumno. En tal sentido, es necesario conocerlo, saber cómo piensa, de qué forma aprende, sus potencialidades y también sus áreas de oportunidad.

Es muy fácil detectar el error en los demás, sin embargo, requiere de mucha observación y reflexión el comprender la lógica subyacente en el error. Cuando nos proponemos entender por qué el alumno ha dado cierta respuesta o ha tratado de resolver alguna situación de cierto modo, nos aproximamos a su forma de pensar y podemos visualizar la raíz de su acción. Sólo entonces podremos diseñar la intervención adecuada para guiarlo hacia otras formas de resolver este problema u otros.

Saturnino de la Torre (2001), señala que, para propiciar el aprendizaje a partir del error, los docentes debemos establecer una relación entre lo que sabemos de nuestros alumnos y las expectativas de aprendizajes que tenemos de ellos, para así poder diseñar la intervención pedagógica en el salón de clases.

Hablamos de intervención pedagógica y no de diseñar una clase, ya que en un ambiente educativo en el que el alumno es el centro procuramos trabajar de forma diferenciada, evitando mecanismos de evasión por parte de los estudiantes y fomentando su involucramiento. Esto es posible si proponemos tareas que los lleven a su zona de desarrollo próximo para mantenerlos motivados en una actividad retadora pero viable, de acuerdo con sus características propias.

Teniendo una mediación apropiada y dirigida a motivar a los estudiantes a avanzar en un proceso de retos progresivos, propiciamos que identifiquen sus conocimientos previos y los cuestionen a partir de problemas propuestos, con la finalidad de llevarlos a resolver la disonancia cognoscitiva.

En este orden de ideas, la interacción no debe ser exclusiva entre el maestro y el alumno, debe complementarse con la interacción de los alumnos con sus compañeros y de todos con los contenidos. Para ello el trabajo colaborativo resulta fundamental y requiere de agrupaciones estrategias.

Tal como exponen Aguirren (1989), Casavola (1989), Santos (2001) y Martínez (2009), es importante que todos los actores del proceso de aprendizaje compartan objetivos y metas, de modo que en el camino se logre, no sólo el autoconocimiento, sino el conocimiento de otras formas de pensar y llegar a la resolución de problemas. La comunicación juega un papel principal en esta perspectiva de tratar el error, pues es la vía a través de la cual se desarrolla el vínculo con los alumnos y lo que nos permitirá crear un ambiente adecuado para el aprendizaje en el que los alumnos estén dispuestos a equivocarse y a aprender, se sientan en confianza para expresarse y reciban de buena forma lo que el profesor les puede aportar.

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