Reeducando a los alumnos para ser tolerantes a la frustración
Por Alexia E. Quiroga Santa Cruz Koechli
Directora de Elementary School del Colegio Atid
Hoy en día, nuestros estudiantes se enfrentan a diferentes estímulos y debemos considerar su uso de la tecnología desde temprana edad. Ellos tienen una mentalidad mucho más internacional ya que todo está globalizado: desde empresas, aplicaciones, páginas de Internet, plataformas, tendencias, noticias, etc. Nuestros alumnos están pasando más tiempo adentro y están comprando todo desde la comodidad de sus hogares porque es fácil y rápido. Por lo tanto, vivimos en una era de inmediatez, que ha quebrantado nuestra paciencia y tolerancia.
La crianza se ha adaptado a esta necesidad de estímulo constante que nuestras generaciones más jóvenes requieren. Los juguetes vienen equipados con movimiento, luces y sonidos que no sólo distorsionan la creatividad de nuestros niños privándolos del juego inventivo, sino también pierden rápidamente su interés. Como resultado, los papás llenan sus tardes con diversas actividades, lo que les deja poco tiempo para entretenerse solos. Este círculo vicioso de actividad constante y exposición a un estímulo externo crea poca o cero tolerancia a la frustración.
Esta falta de tolerancia debe ser abordada tanto por las escuelas como por los papás. Si no entrenamos o reeducamos a estas generaciones para que desarrollen una mayor tolerancia a la frustración, se convertirán en personas ansiosas e infelices. Debemos permitirles enfrentar la frustración y desarrollar la paciencia al no cumplir con todos sus deseos, ni brindarles siempre soluciones o, peor aún, eliminar todos los problemas para que no “sufran”. Al no cambiar estos hábitos, les proyectamos que no confiamos en su capacidad para enfrentar y resolver sus propias dificultades, afectando así su autoestima y dejándolos con una sensación de fracaso.
Al exponerlos a la mínima frustración, les quitamos la capacidad de ser felices en circunstancias adversas. Si no pasan por dificultades y desarrollan resiliencia, se reducen las oportunidades en las que pueden sentirse exitosos, realizados y felices. La vida nunca está libre de desafíos, por ello debemos enseñarles cómo enfrentarlos y lograr equilibrio emocional a pesar de la adversidad. No hay mejor manera de contribuir a su autoestima y confianza que permitirles cometer errores, experimentar dificultades y aprender de ellos.
La mayoría de las familias hoy en día tienen mamás y papás que trabajan, lo que significa que tienen menos tiempo con sus hijos y hacerles los quehaceres puede parecer “más fácil”. Bañarlos, cepillarles los dientes, escoger su ropa, ayudarlos a resolver la tarea puede ser más rápido que enseñarles cómo hacerlo y dejar que realicen estas tareas solos.
Permitir pacientemente a nuestros hijos que lo hagan lo mejor que puedan -incluso si no lo logran en el primer intento-, les dará una gran sensación de satisfacción y mayor autoestima, lo que los empoderará para convertirse en mejores agentes capaces de enfrentar los diversos desafíos de un mundo en constante cambio.