LOS RIESGOS DE IMPARTIR EDUCACIÓN NUTRICIONAL EN LAS ESCUELAS
Dar lecciones de nutrición en las escuelas es una práctica común, y se ha vuelto más frecuente a partir de que la Secretaría de Educación Pública incorporó en la curricula la materia de Vida Saludable. Esta práctica, que pudiera parecer noble e inofensiva, lleva sus riesgos y podría generar serios daños en la relación de algunos alumnos con la comida.
Vivimos tiempos de sobre información en lo que a alimentación y nutrición se refiere. Los mitos alrededor de la comida abundan por todos lados. Nuestros hijos reciben constantemente mensajes que pueden llevarlos a una sobre preocupación por lo que comen y por el tamaño de su cuerpo (se sabe que entre el 40 y el 60% de las niñas que cursan primaria presentan insatisfacción corporal, mientras que el 58% de ellas ya hace dietas).
Sabemos también, que los maestros y maestras son igualmente personas que viven inmersas en esta cultura de dietas, de forma que ellos mismos tienen sus propios sesgos y creencias alrededor de la comida. Muchos de ellos también hacen dietas, también catalogan a algunos alimentos como buenos y a otros como malos y también tienen sus propias ideas acerca de lo “que se debe comer y lo que no”. Los docentes no son expertos en nutrición (ni tendrían por qué serlo), de forma que no deberían ser ellos quienes impartan lecciones en el área.
De igual manera, me preocupa escuchar que en algunos espacios educativos, los maestros y maestras suelen hacer juicios o comentarios sobre lo que los alumnos llevan de lunch. Creo que es importante que cobremos conciencia de que nadie conoce la historia que hay detrás de cada lonchera, y que estos comentarios, que se hacen desde una buena intención, podrían generar en los pequeños ansiedad, preocupación y angustia. La responsabilidad de lo que se ofrece de lunch a los niños recae en los padres o cuidadores, y si el educador tiene alguna inquietud al respecto, lo recomendable es que se acerque a los adultos responsables con curiosidad, evitando siempre hacer juicios delante de los pequeños.
Lamentablemente, la incidencia de trastornos de la conducta alimentaria va a la alza en nuestra sociedad y de manera muy importante en nuestra comunidad. Tristemente, cada vez son más los casos que se presentan además a edades cada vez más tempranas. Muchas veces, las conductas alimentarias de riesgo comienzan a observarse a raiz de intervenciones escolares que catalogan a los alimentos en buenos y malos, que señalan como inadecuados ciertos tipos de cuerpos, y que promueven la delgadez como sinónimo de salud. La sobre preocupación por la comida no es saludable, y podría tener un fuerte impacto en la salud emocional de los niños y jóvenes.
Si queremos hablar de comida con nuestros alumnos, lo ideal es hacerlo sin juicios, invitándolos a explorarlos, a conocer de distintas culturas culinarias, a comprender todo lo que tiene que pasar para que un alimento llegue a su plato, a indagar sobre cómo crecen los vegetales en la tierra, a entender la funcion social, cultural y emocional de la comida, a disfrutar de los alimentos sin juicios ni culpas.
Las escuelas deben ser para nuestros pequeños espacios seguros, donde no se hable de los cuerpos de los demás, donde no se promuevan conductas dietantes, donde no se satanicen alimentos y donde no se hagan juicios sobre la forma de comer de nadie. Más importante que lo que nuestros niños coman, es la relación que estos pequeños establecerán con la comida y que los acompañará toda su vida.
Nutrióloga Raquel Lobatón
raquel@nutricionincluyente.com
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