Aprender el lenguaje es un largo y profundo viaje.

Este artículo es una invitación a conversar sobre el valor de la lectura en la primera infancia y a ser “mediador de lectura”, llamamos así a todos aquellos que leemos para otros, que acercamos los libros a los niños, que acompañamos a mirar desde otras perspectivas.

En toda propuesta pedagógica para edad preescolar, debemos poner mucha atención en favorecer las habilidades de lenguaje. Estas experiencias son necesarias e importantes desde el nacimiento ya que es comparable con recibir alimento. ¿Por qué comparamos el alimento del cuerpo con el alimento de las palabras?

Todo lo que nos rodea necesita ser nombrado para aprender de qué se tratan las manifestaciones de la cultura que envuelve a esa persona que acaba de nacer, por eso sin lenguaje regalado por la familia, por los educadores o diversas personas responsables, el bebé no puede empezar a reconocer las cosas del mundo, incluso sus propias emociones.

El bebé recibe un baño de lenguaje  diario cuando le platicamos, le cantamos o le contamos cuentos.

Esto poco a poco lo incorpora y “aprende” el lenguaje a través de las palabras oportunas que le regalamos quienes lo acompañamos cada día. Pero no sólo las interpreta por lo que dicen, sino también por cómo suenan. Las voces de quienes le hablan, cantan y cuentan, transportan mucha información importante que ayuda al bebé a articular conocimientos.

Aprender el lenguaje es un largo y profundo viaje.

Leer es construir sentido sobre las cosas, es aprender a identificar acciones, leer es algo mucho más importante y profundo que “leer” las palabras alfabéticamente, hoy queda atrás la manera de aprender a leer y escribir de manera impositiva, memorística y sin sentido que no nos llevan al camino de la alegría, de descubrir el placer de leer.

Como adultos, la experiencia lectora que ofrecemos a los pequeños, debe ser en un ambiente de confianza y juego, donde al encontrarse con los libros, los niños desplieguen ideas, dudas, deseos, que relacionen lo leído con algún otro libro ya conocido, asociar algo de lo que encuentra en el libro con hechos de su propia vida, viajar en el tiempo, sacar sus propias conclusiones. 

Todo esto contribuye a la “Construcción de sentido”, es decir, a la posibilidad de pensar en el significado como algo variable, de acuerdo con la mirada del lector.

Sabemos que los niños son libres, plenos de derechos y que sus mundos imaginarios tienen tanta potencia como los de los adultos. Por eso tendremos la responsabilidad de cuestionarnos una y otra vez….

¿Cuál es la mejor literatura para la infancia?, ¿qué libros amplían la posibilidad de soñar?, ¿qué experiencias o formas de acercar a los niños con los libros, resultan más interesantes y respetuosas para ellos?

El pequeño lector tiene voz propia, tiene gustos y necesidades. A veces los niños necesitan reflejar en los libros su propia vida, tomar distancia de sí mismos a través de la imagen en espejo que el libro le brinda, ver sus propias cosas, su hábitat, sus alrededores,sus costumbres reflejadas en este material cultural que le dice que no está solo, otros también sienten y viven como el. Encontrar algo de la propia vida en los libros, ayuda a comprender nuestro lugar en el mundo, que es único.

El derecho a la lectura es de todos, derecho a mordisquear, a oler, a acariciar un libro, derecho a escuchar historias, poemas, canciones.

Cumplamos con generosidad este derecho que todo niño tiene.

Gan Maguen David

Mónica Nudelstejer

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