Tu Bishvat:Una perspectiva educativa

Instituto EMUNÁ

Avrohom Zev Miller Yeshivat Emuná

Muchas personas festejan Tu Bishvat, con muchas costumbres bonitas y diversas. Y, como cada fiesta judía, Tu Bishvat tiene su dimensión más profunda y sus reflexiones únicas. Hablemos de lo que Tu Bishvat nos enseña acerca de la educación.

Como es muy sabido, Tu Bishvat es Rosh Hashaná de los árboles. Y, los árboles son una parábola para las personas. La Torá dice: “…porque el hombre es el árbol del campo…” (D’varim 20:19). La Torá prohíbe tener beneficio de la fruta de los primeros tres años de un árbol y es mitzvá alabar a Hashem por la fruta del cuarto año. De ahí se deriva la costumbre de no cortar el cabello de un niño hasta que cumpla tres años, simbolizando que el niño apenas entonces empieza a dar fruto, cuando comienza a estudiar Torá de manera formal.

Hay otras similitudes entre los árboles y los niños. La calidad de los árboles depende en gran parte de la calidad de sus árboles ancestrales y la calidad de los niños tiene mucho que ver con su árbol genealógico, si es “de buena semilla”.

El buen desarrollo de los árboles requiere de suficiente agua, sol y nutrientes y los niños necesitan nutrición adecuada, tanto espiritual como física para crecer y florecer.

Hay que proteger a los árboles de insectos, hierbas malas y enfermedades que pueden estorbar su bienestar, especialmente a los árboles jóvenes y hay que albergar a los niños de microbios, sustancias, influencias y todo lo que puede ser nocivo para su salud física, emocional y espiritual, particularmente durante sus años formativos.

Un detalle curioso de Tu Bishvat es su fecha. ¿Por qué justamente el quince de Sh’vat fue designado para el Rosh Hashaná de los árboles? Se podría entender si fuera una fecha en la primavera, cuando los árboles comienzan a florecer, pero Tu Bishvat cae durante el invierno en Israel, cuando los árboles están totalmente vacíos de cualquier follaje.

La Guemará (Rosh Hashaná 14ª y Rash”i) explica que, en Tu Bishvat, la mayoría de las lluvias del año ya cayeron y la savia subió en los árboles, asegurando que van a florecer en su momento.

Creo que aquí hay un aprendizaje muy importante. Es cierto que por fuera no se ve ninguna indicación de cambio. Sin embargo, se festeja un año nuevo porque, por dentro, el proceso de renacimiento ya se ha iniciado.

A menudo, lo mismo ocurre con nuestros hijos y alumnos. A pesar de nuestros mejores esfuerzos, no observamos ningún cambio en ellos, lo que nos puede desanimar. Tu Bishvat nos hace recordar que, frecuentemente, los cambios tardan en ser visibles, pero podemos estar seguros de que, por dentro, ya están pasando procesos formidables.

Hace más de cuarenta años, un amigo mío fundó una yeshivá en B’nei B’rak, con la idea de recibir únicamente alumnos de primera y empezar con un mínimo de quince alumnos. Al final, debido a la gran cantidad de yeshivot en B’nei B’rak, abrió las puertas de su yeshivá con sólo cinco alumnos, cada uno con algún problema de aprendizaje o un reto emocional. Mi amigo me describía su frustración cuando impartía clases y pláticas y recibía miradas aburridas a cambio. Pero, me decía que su frustración solía desvanecerse cuando recordaba su propia juventud y cómo sus maestros se frustraban con él, y que, sin embargo, sus enseñanzas trajeron fruto muchos años después.

En la red de yeshivot de Novardok, donde se dedicaban a difundir valores Toráicos y sacar lo mejor de cada alumno, solían decir: “Hay que sembrar en todos lados, y, regar donde crezca.”

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