Rap en bachillerato: una solución con ritmo
Por Oswaldo Martín del Campo,
Profesor de Español, Escuela Yavne.
Como profesor de redacción y de lectura, además de un entusiasta de la palabra escrita, yo quisiera enseñar a mis alumnos esas catedrales poéticas sobre las que se ha cimentado la cultura de occidente: La Ilíada, La Odisea o La Eneida. Sería feliz de llevar a mis estudiantes a un deslumbrante viaje por las entrañas del infierno de la mano de Dante y Virgilio en La divina comedia. Yo desearía llorar de melancolía en el aula de 4˚ de bachillerato con los versos de Pessoa, Storni o Neruda. Yo sería pleno de recitar en voz alta los textos de Nezahualcóyotl, para que los jóvenes sintieran orgullo de pertenecer a una región donde hubo (y no lo habrá nunca más) un rey que fue poeta.
Pero mis clases no se tratan de mí.
Las clases se tratan de los alumnos y de su mundo; al final, ellos no son ni mínimamente culpables de que su medio escolar sea tan diferente al de los últimos cien años. Yo soy el que ha decidido adaptarse. Imagínese: este semestre me tocó enseñar figuras retóricas (prosopopeya, aliteración, hipérbaton, hipérbole y demás maravillas con nombres que parecen enfermedades), tipos de rimas, elementos sonoros y ritmo; todo lo anterior en relación con la poesía. Tuve que revolver mi imaginación para dar con una solución que no llevara a los alumnos a odiar la poesía para siempre. Jamás me lo hubiera perdonado. Entonces di con la solución que han aplicado muchos en distintas partes del mundo: pedir a los estudiantes que compusieran un rap.
El tema fue libre y, para tener derecho a grabar el rap o cantarlo en clase y aprobar el periodo, los chicos debieron presentar un análisis técnico de su letra. Primero compusieron, se divirtieron con juegos de palabras, temas e imágenes y en ese proceso no quise intervenir. Ya con su letra en mano, pasamos varias clases con el análisis; hubo que ir muy despacio: contaron sílabas, observaron rimas, encontramos sus figuras retóricas y terminamos los análisis. No dudo que en un par de días olvidarán muchos, o todos, los elementos estructurales de la poesía, como seguro los hemos olvidado nosotros desde que dejamos el bachillerato o la preparatoria; ¡pero!, nunca olvidarán que cantaron su texto en clase y que el rap los obligó a insertar y cuidar un ritmo en su letra. Sus raps hablan de la escuela, de los maestros, de sus amigos: del mundo que ellos habitan. Así que, al final, me salí con la mía, pues estos jóvenes poetas le cantaron a su realidad, como lo hicieron Homero, Dante y Ovídio. Porque sólo hay una cosa que enseño en mi taller: libertad.